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Vivir en la montaña proporciona las condiciones para una vida más larga

Madrid, 28 de marzo de 2005 (E.P)

Vivir en la montaña proporciona las condiciones para una vida más larga, según un estudio del Departamento de Higiene y Epidemiología de la Universidad de Atenas (Grecia) que aparece en 'Journal of Epidemiology and community Health', una de las publicaciones del grupo editorial de la revista 'British Medical Journal'.

Según los científicos, los habitantes de poblaciones situadas en la montaña viven más que las personas que habitan en tierras más cercanas al nivel del mar. Sus descubrimientos están basados en el seguimiento de la salud cardiovascular y las tasas de mortalidad de 1.150 habitantes de tres pueblos cercanos a Atenas (Grecia) durante un periodo de 15 años.

Los investigadores explican que uno de los pueblos se encuentra entre un área de montañas de casi 1.000 metros por encima del nivel del mar y las otras dos se sitúan en la planicie. Pero el estilo de vida en los tres pueblos es similar, los hombres se encargan del cuidado del campo y los animales y las mujeres son amas de casa.

Los científicos recogieron datos sobre los factores de riesgo, incluyendo el género, edad, peso, tabaquismo, presión sanguínea y consumo de alcohol de cada persona en 1981. También tomaron muestras de sangre para crear el perfil de la salud bioquímica de los participantes.

Los datos mostraban que, de forma global, tanto mujeres como hombres que vivían en el pueblo de la montaña tenían un perfil de riesgo de enfermedades cardiacas peor que sus colegas que vivían en los pueblos de la planicie, con tasas superiores de lípidos circulantes en sangre y una mayor presión sanguínea.

En 1996, los investigadores evaluaron el número de supervivientes. Durante los 15 años, murieron 150 hombres y 140 mujeres. De estas muertes, 67 eran atribuibles a una enfermedad coronaria cardiaca y 34 se habían producido entre los hombres.

Después de tomar en cuenta todos los factores de riesgo cardiovasculares, los residentes del pueblo de la montaña tuvieron menos tasas de mortalidad y menores tasas de mortalidad derivada de enfermedad cardiaca que sus iguales en los pueblos de las llanuras. Los efectos fueron más pronunciados entre los hombres. Los investigadores concluyen que ya que los lípidos en la sangre y la presión sanguínea eran superiores entre los residentes de la montaña, otros factores protectores debían haber tomado parte.

Apuntan que vivir en niveles moderados de altitud produce cambios fisiológicos a largo plazo en el organismo que permiten afrontar niveles más reducidos de oxígeno y esto sumado al ejercicio requerido para caminar en pendientes generalmente en terrenos accidentados podrían proporcionar al corazón un mejor funcionamiento.